Siempre fui una persona acostumbrada y muy vinculada a los extremos, cabos fronterizos a menudo peligrosos entre la heroicidad el abismo mas cercano a un ocaso colindante.
Y he de reconocerlo, tanto si se trata de salud como de enfermedad, los términos medios solo han sido un mero trámite, una breve señal en ámbar cuyo semáforo se agita por el ajetreo del incesante tráfico.
Estoy contento, y no solo por como transcurren los acontecimientos, sino porque a todos ellos se les puede meter mano y alterar su curso a nuestra merced, y de no tratarse literalmente de esta manera, siempre hay otras 100 millones de opciones diferentes para tener en cuenta.
Siempre, andando en círculos incesantes, con anhelos filosóficos, respecto a los intereses del bien y del mal, la fiabilidad cognitiva y no especuladora de un conocimiento puro, seguro y libre de conjeturas y variaciones contradictorias, examinaba todo lo que me rodeaba, tanto fueran hábitos, como simples hechos puntuales, sucesos extraordinarios, o breves reacciones aleatorias fruto del azar sistemático que originan las fuerzas de este mundo.
Y en mi escepticismo rotundo hacia lo inteligible se produce una credencial intangible que zambulle lo ideal en lo pragmático, convirtiéndo lo inservible en útil afín a nuestros intereses.
Sería maravilloso poder crear lo armónico entre la desidia y el placer, construir una felicidad basada no en dinero, posesiones ni influencia, sino en el propio poder. Poder en la elección, en la libertad de escoger, la no proliferación de que la condición interfiera en nuestro decidir, y así, liberados de pies y manos, corriendo y gritando, desnudos y animados, por campos de este país, podríamos llamarnos hermanos.
Creo que todas las personas tienen un potencial fortísimo que funciona de dos maneras: O bien nunca se ha utilizado y permanece guarecido a expensas del conocimiento de su persona, o se ha conocido lo suficiente como para que esas pequeñas imágenes especulares , enmendadoras de actos valientes y prometedores, muestren un potencial justificante que no despierten mas interés de superación en el individuo. Pero ésto es solo generalizar entre aquellas muchas personas con las que me encuentro a menudo por la calle y cruzo las miradas.
En sus ojos puedo ver anhelos de esperanza, aunque en algunos veo destellos ya muy apagados, supongo que muchas tormentas y lluvias saturaron sus plomos y simplemente no funcionan bien. Hace dos días, en el autobús de Granada, donde hay colocados varios cartelitos de un festival de poesía o que se yo, venía una especialmente reveladora, que aunque no recuerdo como se llamaba , enfocaba a estas personas a las que me refiero. Decían que, asustados en su ofuscación, se sentián solos, andando atemorizados y asustadizos hacia el porvenir, hundidos en una fosa común de lamentación de la que no sabían ni querían salir, pues, amigos míos, si hay algo peor que cualquier dolor, es no sentir dolor alguno, y en eso consiste precisamente el dilema de estos seres.
Y aunque ya he escrito sobre mi propósito en esta vida cientos de veces, jamás podré enorgullecerme lo suficiente de mi objetivo, y es que, por experiencia propia, ninguna adversidad es jamás lo suficientemente fuerte como para acabar con la moral de nadie, y aunque así lo fuese, existen muchos a quienes los fuertes tsunamis terminan llegando a sus piés como dóciles gatitos a la espera de un poco de atención.
Iván Pérez dice que existen técnicas, métodos, formas y maneras, que nada es absoluto, que todo es relativo, que si esto es cierto ambos argumentos se excluyen mutuamente, y esto nos beneficia. Que no hay ni bien ni mal, solo lo que se percibe y elige, y casi siempre podemos interpretar lo doloroso y lo triste como necesario para alegrarnos por ello. No hay justicia, ni tampoco reglas universales, y hasta los mas sólidos principios pueden tambalearse como todos los argumentos. El fuerte se vuelve débil, y se humaniza, el débil se hace fuerte, y se supera, ambos crecen, ambos caminan y ambos intercambian roles en un momento u otro. Y ningún sentimiento es jamás definitivo, tampoco nos puntúa ni señala, solo nos guía y nos responde con respecto a lo que hacemos, enseñándonos si nos gusta o no nos gusta.
Que perder los estribos está genial, que perderlos siempre es de imbéciles, que toda idea firme pertenece a un bando definido, y solo cuando es opositada se consolida como parcela de la realidad.
Que el amor es lo mas importante, empezando por uno y terminando por el otro, pero que es imposible cambiar el desprecio por nuestra persona de la noche a la mañana, y curar las envidias y rencores hacia los demás como si de simples arañazos se tratasen. Que salud y estabilidad van ligados de una voluntad de superación, paulatina y autocrítica, y que, ante todo, la felicidad jamás se excluye del dolor, y en todo caso, éste último la alimenta haciéndola mas exquisita .
Y para acabar, lo mas extraño y mágico de todo, que no requiere de mas explicaciones.
Tus sueños, esos con los que te alimentas, y por los que a veces suspiras, se cumplirán, tan solo haz algo.
*
Cerca de las 10 de la noche, dos amigos se dirigían hacia su ciudad natal en tren cuando habían estado unos días ocupados resolviendo algunos asuntos. Mientras uno permanecía apacible en su asiento, estudiando para un examen cercano, el otro, salpicado por el hambre de quien ha andado mucho y sentado poco, se levantó sonriente y empezó a buscar algo para comer. Paso a través de varios vagones, preguntando donde podía comer algo, hasta que vió una máquina exprendedora que le iluminó los ojos.
Había abierto la puerta del vagón cuando, orientado hacia la máquina para echar la primera moneda, oyó unos breves soyozos y rezongos, provenientes del asiento que tenía a sus espaldas. Depositó el dinero , y aún cuando solo había seleccionado un paquete de patatas, cayeron dos. Viendo que le sobraba uno, miró hacia aquella chica, que lloraba reprimiendo sus lágrimas con la tímidez del que dirán, y armado con un sincero tono de alegría le dijo.
¡Pero hombre, no llores! ¿Para qué vas a estar triste?. Esbozando una sonrisa, mostró la empatía suficiente que, en esta sociedad, tiene que dar un desconocido que con buen ánimo pretende dar consuelo gratuito.
Lloro porque me he despedido de unos amigos.
Anda..pero te sigo diciendo lo mismo, si los vas a volver a ver, y entonces te alegrarás muchísimo cuando te reencuentres con ellos.
Aquella chica, o mas bien mujer, por la edad que tenía, sin perder la emoción, dejó de llorar, y sentados los dos frente a frente comenzaron a hablar largo y tendido sobre muchas cosas. Y el muchacho, conmovido, le contó su propia historia, de por que le gustaba tanto animar a los demás y por que no había que sentir pena por nada en este mundo.
Me enamoré de una chica, y entonces se echó novio al mes siguiente. Imaginate, podría haberme puesto fatal, porque me encantaba, pero en vez de entristecerme o cabrearme, me alegré, porque se que ella acabaría conmigo.
¿Y al final acabasteis juntos?
No, y precisamente es una de las consecuencias de que ahora esté en este tren. Pero no importa, la realidad es tan maravillosa y llena de matices que jamás podré aburrirme en la espera, y hay muchos otros frutos deliciosos que probar antes de degustar el definitivo y con el que deseemos crear nuestras propias cosechas.
Aquella mujer, cerca de los 30 años de edad, viendo esa actitud, esa amabilidad y carácter, que apareció tan oportunamente en un momento de flaqueza, le dijo.
¿Sabes? Me trasmites una energía positiva muy fuerte, y eso es genial, sería maravilloso que hubieran mas personas como tú.
Y pese a que en sus principios jamás hubo apartado alguno que permitiera que otras opiniones tuviesen valor real, aquellas palabras removieron su corazón y desde sus mas profundos adentros proliferó una satisfacción indescriptible que trascendía mas allá de la simple alegría. Sintió que momentos poco comunes y espontáneos como aquel, así como otras muchas acciones que se salían de lo convencional y incluso colindaban con lo peligroso, eran la clave para amar y vivir con auténtica pasión.
El problema de esta historia es que, rara vez dos destinos se cruzan sin razón alguna, y cada cordero por si solo debe decidir salir del redil cuando lo viese conveniente.
*
Se acaba la arena que vuelca
este reloj de arena
cuando el tiempo apela
a las duras y a las maduras
el objetivo que me lleva.
Indicio es todo
todos son indicios
da igual la forma
y también el modo
en cada resquicio,
como en cada sitio
están las razones
motivos, opiniones
que motivan una lucha,
que no tiene fin
ni mayores convicciones
que un río fluyente
ya arrastrará a los galeones.